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El masterizador de textos

  • Foto del escritor: Ney
    Ney
  • hace 6 días
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: hace 2 días

Estábamos con mi esposa disfrutando una copa de vino tras regresar de otro excelente concierto del gran e inigualable Carlos Cabezas, mientras repasábamos en nuestro tocadiscos algunas de las canciones que acabábamos de escuchar. Recorrí, como de costumbre, la información impresa en la funda del vinilo y me llamó la atención, por enésima vez, el hecho de que el disco fuera grabado y mezclado en un estudio y luego masterizado en otro, probablemente a miles de kilómetros de distancia de la cuna de la obra prima. Y me asaltaron las siguientes dudas: ¿Qué era eso de masterizar (y remasterizar) discos? ¿Por qué no lo sabía, yo que me jacto de ser un pequeño (aunque no erudito) melómano? ¿Por qué no lo había averiguado antes? Y lo peor de todo: ¿por qué había comprado solo una botella de vino?

 

En mi incipiente sopor etílico, tuve la mejor idea que podría haber tenido al final de una botella de cabernet sauvignon, es decir, una que no requería demasiado esfuerzo (como levantarse del sitial regalón; estaba guardando fuerzas para cuando tuviera que ir a dar vuelta el vinilo): levanté el teléfono y le pedí a Claude (que tire la primera piedra quien esté libre de IA) que me iluminara sobre ese intrigante misterio. Y esto fue lo que respondió:

 

La masterización es la última etapa del proceso de producción de un disco antes de su distribución. Consiste en tomar las mezclas finales de cada canción (los archivos stereo que salen de la etapa de mixing) y prepararlas para ser publicadas como un producto coherente y que suene bien en cualquier sistema de reproducción.


Mesa de mezclas en un estudio de grabación.

Qué se hace técnicamente en la masterización

 

Procesamiento de audio por canción:

  • Ecualización fina (corrección de frecuencias que quedaron desbalanceadas en la mezcla)

  • Compresión y limitación dinámica (controlar los picos, dar cuerpo y “pegada”)

  • Saturación armónica en algunos casos (añadir calidez o carácter)

  • Corrección de fase y del campo estéreo


Cohesión del álbum como conjunto:

  • Igualar los niveles de volumen percibido entre canciones (que no haya una que suene mucho más baja que otra)

  • Definir el orden de las canciones y los silencios entre ellas

  • Asegurarse de que el disco tenga una identidad sonora consistente de principio a fin.

 

Por qué se hace en un estudio diferente

 

Hay varias razones, y todas tienen bastante sentido:

 

1. Oídos frescos

El ingeniero de mezcla lleva semanas o meses escuchando las mismas canciones. Desarrolla inevitablemente una “escucha sesgada” y deja de percibir ciertos problemas. Un masterizador que escucha el material por primera vez detecta cosas que el otro ya no oye.

 

2. El cuarto acústico importa enormemente

Los estudios de masterización están construidos y calibrados con una precisión acústica diferente a la de los estudios de grabación o mezcla. Son cuartos muy bien tratados, con monitores de referencia de altísima fidelidad y sin ninguna coloración acústica. El masterizador sabe exactamente cómo suena su sala, y eso le permite tomar decisiones muy precisas.

 

3. Una segunda opinión profesional

Tener a alguien externo al proyecto que evalúa el trabajo con criterio técnico y distancia emocional es un control de calidad real. El masterizador también puede decirle al ingeniero de mezcla “esta canción tiene un problema en los 200 Hz” o “el bombo está enterrado”, lo que a veces lleva a una nueva revisión de la mezcla.

 

4. Especialización

La masterización es una disciplina muy específica. No todos los ingenieros de mezcla son buenos masterizadores, y viceversa. Los mejores masterizadores del mundo (como Bob Ludwig, Bernie Grundman o Emily Lazar) se dedican exclusivamente a eso y tienen décadas de referencia acumulada.

 

5. Neutralidad comercial

Un masterizador externo no tiene apego emocional a las decisiones creativas del disco. Si algo no funciona técnicamente, lo dice sin el peso de haber estado en el estudio durante tres meses.

 

En resumen, la masterización es el puente entre la creación artística y el producto final, y hacerla en otro estudio es básicamente una decisión de higiene profesional: garantiza perspectiva fresca, condiciones acústicas óptimas y un control de calidad independiente.​​​​​​​​​​​​​​​​

 

La respuesta de Claude caló muy hondo. Me encantó enterarme de esa higiene profesional, de que exista ese oficio y de que se le dediquen el tiempo y los recursos necesarios para que un disco suene tan bien y nos entregue placer estético. De que el proceso conste de distintas etapas y que se valore el trabajo altamente especializado de alguien que no haya intervenido en la etapa anterior. Le leí la respuesta a mi esposa con un entusiasmo y una prosodia algo distorsionados por el vino (a juzgar por su lánguida reacción) y manifesté mi asombro por el evidente paralelismo entre el trabajo del ingeniero de mezclas y del masterizador y el oficio del editor y del corrector de estilo, que suele confundirse con demasiada facilidad en la industria editorial.


Si el editor es aquel que, idealmente, orienta al escritor (ya sea literario o periodístico) y lo ayuda a dar forma a su relato, suprimiendo, agregando, trastocando, transformando, reemplazando, resumiendo e incluso reescribiendo (o sugiriendo reescribir) frases y párrafos enteros, el corrector de estilo es aquel que retoca la puntuación, cambia una que otra palabra, corrige la sintaxis y es, en última instancia, el último bastión de la semántica, pues sabe, muchas veces a diferencia del autor e incluso del editor, que infringir no significa lo mismo que infligir (no se infringe un daño, por dios), que verbos como rechazar, negar, descartar, rehusar, condenar y desmentir no son intercambiables (abran cualquier página de cualquier periódico chileno y verán de qué hablo), que incidir no es lo mismo que injerir ni inferir, que evitar no es lo mismo que impedir… y si el corrector trabaja con un texto traducido del inglés, también sabrá, ojalá, que consistent, en estricto rigor, muy pocas veces debería traducirse como consistente, pues en la mayoría de los casos conviene cerrar los ojos, entender el sentido, pensar en el contexto y finalmente dar con una interpretación más acertada, que bien puede ser coherente, uniforme, constante, reiterado… en fin, ya entendieron.

 

Si hilamos un poco más fino, podemos decir que hay incluso otra figura, igualmente importante, que escapa a la analogía del ingeniero/editor y el masterizador/corrector de estilo: el corrector de pruebas, que, con su ojo de lince y sus conocimientos enciclopédicos ya no se preocupa de la calidad de la redacción, de la eficacia y la eficiencia del mensaje, sino de los recovecos ortotipográficos de un texto. Aquel que sabe si el punto va dentro o fuera del paréntesis, si la llamada a nota a pie de página va antes o después del punto, si el resalte tipográfico de determinado fragmento de texto es la cursiva, la comilla, la comilla simple, las mayúsculas iniciales o la negrita… en fin, ya entendieron.

 

Moraleja: las casas editoriales, los periódicos, las empresas de marketing, las productoras audiovisuales y una larga lista de etcéteras que prescinden de los servicios de correctores (de estilo y de pruebas) harían bien en seguir el ejemplo de higiene profesional de la producción musical y destinar los recursos necesarios a un oficio que ninguna simulación de inteligencia (lo que hoy conocemos como inteligencia artificial) nunca jamás hacer con la habilidad de un ser humano debidamente calificado, capaz de aprehender todo el contexto y los intertextos y de ponerse en el lugar del destinatario del mensaje para saber cómo tiene que funcionar dicho mensaje. Y yo, mientras tanto, haré imprimir nuevas tarjetas de presentación con unas hermosas letras doradas que digan Ney Fernandes - Traductor y masterizador de textos.


P. D.: Y para no terminar en un tono tan pretencioso, vale señalar que, una vez publicado el texto de arriba, la mentada esposa encontró más de un error y algunos giros que merecían ser remasterizados. Tuvo la mirada fresca y la distancia emocional de las que yo carecía tras haber leído y releído el texto tantas veces en busca de esos mismos errores.


P. P. D.: Si me va bien con el cambio de imagen, algún día tendré una oficina como esta:



 
 
 

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